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En su embate contra el crimen organizado, el gobierno federal no acierta ni a dar –cuando se le requiere– una cifra precisa sobre el número de detenidos, lo que puede verse como una muestra más del desorden y la falta de coordinación entre las dependencias involucradas.
La Presidencia de la República pregona un número, la Procuraduría General de la República (PGR) y la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) aseguran que desconocen el dato y la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) aporta sus propias cifras. Los civiles coinciden en el escamoteo de información para que no se sepa dónde quedó la bolita: yo no sé nada, el que sabe es otro, no somos competentes, se sinceran en jerga burocrática.
Proceso le siguió la pista a ese juego, a partir de los números que el presidente Felipe Calderón presumió en la Universidad de Harvard el 11 de febrero. Ahí se ufanó del cambio prácticamente milagroso que ocurrió en México a partir de su llegada el poder, especialmente en el ámbito del crimen organizado:
“Cuando tomé posesión hace poco más de un año la situación era completamente diferente y demasiado complicada… El crimen organizado parecía más poderoso y amenazante que nunca antes, pues tenía control de varias partes del territorio mexicano. Tuvimos que enfrentar al crimen y lo hicimos sin vacilación y con la fuerza total del Estado. Empezamos operaciones con la participación del Ejército, la Marina, así como de las fuerzas policiacas federales y locales. Tomamos control de todos esos territorios… Los golpeamos, y los golpeamos muy duro”.
Por ejemplo, dijo Calderón, “capturamos a más de 22 mil personas vinculadas con actividades criminales. Así mismo, confiscamos las cantidades más grandes de cocaína en un solo operativo, es decir, 24 toneladas en Manzanillo. Otro récord mundial es el decomiso que hicimos en efectivo proveniente de las drogas, en una sola casa, en un solo operativo: 205 millones de dólares en efectivo. Extraditamos a Estados Unidos a más de 100 jefes del narcotráfico y, para darles una idea, este año confiscamos más de mil millones de dosis personales de drogas en México. Sabemos que ésta será una larga y costosa guerra. Necesitamos gastar mucho dinero, y tendrá que pasar mucho tiempo. Además, también sabemos que son muchas las vidas que se perderán”.
Proceso solicitó entonces a Presidencia, a través de la Unidad de Enlace, que precisara estos datos: qué tipo de delitos cometieron esas “22 mil personas”, fecha y lugar donde fueron capturadas, sitio en el que se encuentran recluidas, número de arrestados sometidos a proceso judicial, número de sentenciados y número de militares (con nombre y rango) que forman parte de ese grupo de personas capturadas.
Presidencia se declaró “no competente” para atender esa solicitud de información y, citando leyes diversas, remitió al solicitante a la SSP, PGR y Sedena. Proceso se dirigió a dichas dependencias. Seguridad Pública respondió:
“En atención a su solicitud, le comunicamos la inexistencia de la información solicitada, toda vez que en los archivos del sector central de esta Dependencia, no existe documento que contenga dicha información. Así mismo, es pertinente notificarle que la inexistencia de la información solicitada, ha sido confirmada en términos del artículo 46 de la Ley de la Materia, con la resolución emitida sobre este particular por nuestro Comité de Información”.
A falta de datos, la SSP optó por “brindar una adecuada orientación”: la información que solicita –puntualizó– “corresponde a atribuciones y funciones de la Procuraduría General de la República, toda vez que dicha dependencia, a través de la Agencia Federal de Investigación, se encarga de conducir y coordinar políticas y métodos de análisis táctico de la información sobre delincuencia organizada, para generar una base de datos que permita identificar a personas, grupos, organizaciones, zonas prioritarias y modos de operación, que se vinculen con los diversos delitos, con el fin de combatir la comisión de los mismos, por lo que le sugerimos dirigirse a dicha instancia…”
En su turno, el 5 de marzo la PGR respondió que “la información que requiere no se encuentra en el ámbito de las atribuciones de esta institución”. Y ofreció una salida magistral: “se le sugiere acudir a la Oficina de la Unidad de Enlace de la Presidencia de la República… es la dependencia competente para atender su solicitud de acceso”.
El 19 de marzo, la dependencia con más fama de cerrazón, la Sedena, dio la mejor respuesta:
“Después de realizar una exhaustiva búsqueda en los archivos del Estado Mayor de esta secretaría, únicamente se encontró información referente a 4 mil 763 personas que fueron detenidas en flagrancia por delitos contra la salud y violación a la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos, así como los lugares y fechas de su detención, durante el período del 1 de diciembre de 2006 al 2 de marzo de 2008″.
Un anexo de la Sedena sobre los lugares en que se realizaron los arrestos confirma la presencia nacional del crimen organizado, si bien los operativos en su contra se acentuaron en Sonora, Tamaulipas, Michoacán, Sinaloa y Chihuahua, sobre todo en municipios como Caborca, Guaymas, Altamira, Matamoros, Valle Hermoso, Aguililla, Culiacán, Apatzingán, Los Mochis y Samalayuca.
Extrañamente, las dependencias del Gabinete de Seguridad habían dado cifras en materia de detenidos. Reunidos en la Secretaría de Gobernación el 31 de agosto, los titulares de Sedena, Marina, PGR y SSP ofrecieron cuentas alegres.
Reforma señaló que “las cuentas de la PGR no salen”: según su titular, Eduardo Medina Mora, hubo 12 mil 344 detenidos en nueve meses, pero un reporte de esta dependencia, obtenido por ese diario mediante la Ley de Transparencia, indica que el mayor número de detenidos en los últimos siete años se dio en 2005: 8 mil 422 personas.
El mismo Medina Mora aportó en esa ocasión el dato más revelador: de los 12 mil 344 detenidos, sólo 326 recibieron formal prisión, es decir menos del 3 por ciento.
Las cifras de Calderón en Harvard no parecen cuadrar con las que dieron en septiembre: si en nueve meses hubo poco más de 12 mil detenidos, quiere decir que en cinco meses se logró detener a otras 10 mil. Todo un récord, que explicaría, al menos en parte, el “complicado” México de antes (es decir el que gobernó Vicente Fox) y el país “absolutamente diferente” en el que vivimos hoy, según Calderón.
Sergio Aguayo, académico de El Colegio de México y presidente de Fundar –centro de análisis pionero en la investigación aplicada– comenta que no se explica la disparidad de las cifras sobre el número de detenidos:
“Lo que he podido observar es que las cifras de Sedena siempre son mucho más bajas que las que da Presidencia, tanto en materia de arrestos como en otros referentes sobre el crimen organizado, desde el sexenio de Fox”. Cita el caso de los efectivos enviados a diversas entidades: “Los números de la Sedena son muy distintos a los de Presidencia, quizá porque a ésta le interesa más impactar a la opinión pública. Además, es evidente que las cifras sobre detenidos se inflan porque incluyen en su mayoría a consumidores, por eso también hay muy pocos consignados”.
La disparidad de cifras, señala, es en todo caso un indicativo de la falta de coordinación entre las instituciones que combaten el crimen organizado “y de la incapacidad del Estado para generar inteligencia”.
Puntualiza: “El gobierno federal se coordina mejor con el exterior, en particular con Estados Unidos y Colombia, que con los gobiernos estatales y municipales. Esta coordinación con agencias foráneas ha contribuido a que el gobierno federal haya dado algunos buenos golpes a varios cárteles”.
Con una evidente contradicción entre el discurso y los hechos, el gobierno perredista de la Ciudad de México evidencia cada día, con mayor nitidez, la falsa democracia en la que se sustenta su política y gestión cultural.
La carencia de respeto y consideración que viven los ciudadanos para ingresar al museo Nómada, el uso de espacios culturales como el Museo de la Ciudad de México para actos políticos y la irresponsabilidad e impunidad para derruir inmuebles declarados monumento histórico y patrimonio de la humanidad son algunas de las circunstancias que confirman la necesidad de exigir cambios en el ejercicio del poder cultural que opera en la capital del país.
Transfigurado en un vulgar terreno que por sus grandes dimensiones es apto para albergar a numerosas personas, el Zócalo de la Ciudad de México se ha convertido en un contenedor de espectáculos masivos: un espacio para ver la obra de artistas menores y para escuchar a políticos y cantantes. Saturada casi siempre con estructuras monumentales que igual pueden corresponder a un conjunto de gradas y bocinas, a la pista de patinaje en hielo más grande del mundo o a una construcción gigante de bambús, la espectacularidad visual de la Plaza de la Constitución es difícil de apreciar. La elegancia de la Catedral, la sensualidad ornamental del Sagrario o la sobriedad del Palacio Nacional, son constantemente eclipsadas, inhibiendo no sólo el conocimiento y disfrute de algunas joyas del arte mexicano, sino también la convivialidad y la interconexión entre los ciudadanos y la ciudad.
Durante el primer informe de actividades que presentó en noviembre pasado, la secretaria de Cultura de la Ciudad de México, Elena Cepeda, además de señalar su interés por garantizar los derechos culturales y por reconstruir el tejido social mediante propuestas artísticas y culturales, definió como dos de los ejes de su política a la educación artística y a la preservación del patrimonio. El tipo de uso que se da a relevantes espacios públicos, la operatividad de algunas exposiciones y el derrumbe de las 14 construcciones provenientes de los siglos XVIII y XIX (Proceso 1623-1626) que permitió la responsable de la preservación del Centro Histórico, Alejandra Moreno Toscano, revelan la antidemocracia de los funcionarios.
El museo Nómada no es un museo, sino una simple exposición itinerante, con 53 fotografías de gran formato y tres filmes de la autoría del canadiense Gregory Colbert. Sin ningún valor artístico especial –ni en las obras ni en la posmoderna y kitsch estructura de bambús– como para colocarse en un lugar de tanto valor simbólico como la Plaza de la Constitución, la presencia de esta muestra descubre la severa colonización –o complejo– cultural que caracteriza al jefe del Gobierno de la Ciudad de México, Marcelo Ebrard.
Realizadas a partir de 1992 en escenarios naturales de la Antártica, India, Birmania, Sri Lanka, Egipto, Etiopía, Kenia y Namibia, las imágenes en ocre y sepia llaman la atención por la imposibilidad de la sensual y, en algunos casos, erótica convivencia que establecen entre los animales y los seres humanos: un hombre que nada debajo de una enorme ballena, mujeres que se enredan entre los voluminosos cuerpos de grandes elefantes, niños desnudos que descansan hieráticamente junto a hermosos ocelotes. Interesado en explorar las sensibilidades poéticas de los animales que denomina totémicos –elefante, jaguar, halcón, orangután–, Colbert realiza imágenes exóticas que llegan a tocar el territorio de lo grotesco. Carente de información que permita realizar lecturas que trasciendan la publicidad realizada por Televisa –una de las empresas patrocinadoras–, la muestra es lamentable, principalmente por el trato que se da a los visitantes: desde las filas para entrar hasta el encuentro obligatorio que se presenta, al final de la exposición, con la tienda de recuerdos como camisetas, catálogos, carteles y pulseras.
Otra contradicción importante se presentó en el Museo de la Ciudad de México: Al tomar posesión de su cargo como directora del recinto en febrero de 2007, Cristina Faesler prometió que el museo dejaría de ser un “salón de usos múltiples”, y el 20 de febrero se utilizó como escenario para el debate de los seis aspirantes a ocupar la presidencia del PRD.
Y por último, los continuos cierres al Centro Histórico. ¿De qué sirve tener recintos culturales si no se puede acceder fácilmente a ellos?
En conclusión, una gestión antidemocrática que si bien descubre una evidente falta de coherencia en el proyecto cultural del PRD, también delata la escasa exigencia que tiene la ciudadanía respecto de los servicios culturales que merece.
Fuente: Proceso.com.mx
En su Curso de inteligencia, elaborado a mediados de la década pasada, el Ejército Popular Revolucionario expone a sus militantes la forma en que deben actuar para contrarrestar las maniobras de infiltración de organismos como el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) e inteligencia militar, a los que denomina “cazadores de revolucionarios”. Así mismo, explica con detalle la manera en que funciona el servicio de información eperrista, conformado por unidades de oficiales y agentes especializados, así como por un sistema de contrainteligencia mediante el cual el grupo logró infiltrar algunas dependencias oficiales.
En medio del acoso gubernamental, el Ejército Popular Revolucionario (EPR) diseñó una estrategia a partir de una estructura de inteligencia y contrainteligencia formada por militantes y combatientes del PDPR-EPR denominada “Servicio de Información”, gracias al cual logró infiltrar varias dependencias públicas y sobrevivir a los embates del gobierno federal.
Constituido por pequeñas unidades de oficiales y agentes de inteligencia, el objetivo de este aparato es “recabar información de interés, ubicar personal para el trabajo de inteligencia y detectar y combatir los intentos de infiltración del enemigo, interceptar sus comunicaciones, meterse a sus computadoras e infiltrarlo”, según explica el grupo armado en su Curso de inteligencia PDPR-EPR.
En ese documento, cuya copia tiene Proceso, el mando del EPR menciona que una de sus prioridades es detectar y burlar las “operaciones secretas en las que se conjuga la labor de inteligencia y la acción militar clandestina de fuerzas especiales”.
Y establece: “Los oficiales de inteligencia son cuadros político-militares especializados en la labor de inteligencia y contrainteligencia. Constituyen la columna vertebral de nuestro sistema de información; ellos organizarán, educarán, entrenarán y atenderán las redes de agentes, bases secretas, colaboradores y de información popular que iremos formando; también pueden estar abocados a recoger información para acciones especiales y campañas militares”.
El sistema eperrista de información incluye también a “los agentes de inteligencia, las bases secretas y las bases temporales de información”. Sobre sus agentes, el grupo armado explica que son “cuadros político-militares que bajo la disciplina partidista se encuentran abocados a obtener información de diferentes instituciones gubernamentales; su labor es obtener y proporcionar oportunamente la información de la tarea que tienen asignada”.
Así mismo, destaca que las células secretas de oficiales y agentes del EPR se proponen infiltrar los organismos policiacos y militares a fin de conocer con anticipación los planes de contrainsurgencia del gobierno federal.
“Los objetivos principales en los que debemos asentar a nuestros agentes –puntualiza– serán los órganos de inteligencia enemiga, los departamentos militares y policiacos destinados a combatir a los revolucionarios, las unidades militares y las paramilitares.
“Los compañeros agentes de inteligencia infiltrados en las corporaciones policiacas no tendrán la función de reclutar ni de hacer trabajo de desmoralización en las filas enemigas; al contrario, nadie deberá sospechar de ellos, por lo que aparecerán como ‘excelentes elementos’ de esos cuerpos.”
Inteligencia militar, el enemigo
De acuerdo con el Curso de inteligencia PDPR-EPR, las unidades secretas eperristas ubicaron ya el trabajo de Gobernación mediante inspectores infiltrados “en el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), con clave 1132, que se localiza en la calle Álvaro Obregón, colonia Barranca Seca, en la Magdalena Contreras”.
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Este programa consiste en la adaptación gradual de 250 Columnas Informativas y Turísticas con un contenedor que permite almacenar temporalmente las pilas que la ciudadanía deposite en ellos. La empresa IMU recuperara estos materiales y los enviara a reciclaje o a disposición final controlada evitando el envío al relleno sanitario de Bordo Poniente.
En las Columnas Informativas y Turísticas la ciudadanía podrá depositar sin costo alguno, los diferentes tipos de pilas tales como AA, AAA, D, C, CR, cuadradas, pilas de botón y pilas de celular.
En su primera etapa, el programa estará en funcionamiento en 21 Columnas Informativas y Turísticas ubicadas en las Colonias Roma y Condesa de la Delegación Cuauhtémoc y en etapas posteriores se integrarán gradualmente el resto de las columnas hasta llegar a un total de 250, todas ellas distribuidas en las 16 Delegaciones Políticas de la entidad.
COLUMNAS INFORMATIVAS Y TURÍSTICAS ADECUADAS Y FUNCIONANDO PARA RECEPCIÓN DE PILAS USADAS EN EL D.F.
COMO PARTICIPAR
Depositando las pilas exclusivamente en las columnas informativas y turísticas dispuestas para su recolección.
Cubriendo con cinta adhesiva los polos de las pilas y depositarlas en los orificios indicados en las columnas.
Preferentemente utilizando pilas recargables. Una pila recargable evita el uso de al menos 300 desechables
Eligiendo productos que hagan un mejor uso de la energía o que no requieran pilas
No abriendo, perforando o quemando las pilas
Retirando las pilas de los aparatos cuando no estén en uso
Evitando consumir pilas de bajo costo, de mala calidad y poca duración
Contactando al fabricante siempre y cuando cuenten con programas de recuperación propios, para las pilas de celulares y computadoras
PARA MAYOR INFORMACIÓN
Para mayor información sobre el programa y la ubicación de las columnas informativas se pone a la disposición de la población los teléfonos 53458176 y 26153311
Verónica, Soren, Juan y Fernando murieron en el ataque aéreo del primero de marzo al campamento del comandante Raúl Reyes en la provincia ecuatoriana de Sucumbios. Lucía sobrevivió. Mexicanos los cinco.
Los cinco jóvenes estaban inscritos en la universidad; pero no, la universidad no los envió. Ni la República, ni sus padres. Tomaron una decisión propia y personalísima; aun si el propósito de su viaje fue hacer estudios e investigaciones sociales, el interés era personal. Se estaban acercando al más decantado ejercicio revolucionario, el internacionalista. Es posible que se tratara de sus primeros contactos. Pero no eran combatientes, no estaban en un campo de batalla ni tampoco en un país en guerra. No es extraño estar presente en un campamento guerrillero y no ser un combatiente. El de Régis Debray en el campamento del Che Guevara es un caso muy conocido. Se puede incluso ser parte de un grupo revolucionario sin ser combatiente, como lo han sido muchos sacerdotes.
No es ésta la ocasión de hablar de los internacionalistas consagrados en la historia. Es momento para recordar a los anónimos, a los que hicieron el sacrificio de su vida y los que, habiendo sobrevivido, la pusieron en el mismo riesgo en aras de la solidaridad internacional que los revolucionarios practican.
El 26 de julio de 1936, nueve cadetes del H. Colegio Militar aprovecharon la ceremonia de entrega de espadines a los cadetes de nuevo ingreso para salir a hacer trámites de pasaportes y otra documentación necesaria para viajar a España, donde se incorporarían a la defensa de la República Española. Los cadetes “… suponían que no sería mal visto por el gobierno de México que lucharan al lado de un país amigo que estaba peleando por los mismos principios que habían sido la causa de tanto derramamiento de sangre en la República [Mexicana]; máxime cuando veían claramente que el propio gobierno mexicano, desinteresada y abiertamente, ayudaba a la República Española. Allí estaba su constante lucha diplomática contra algunos países representados en Ginebra, para que se ayudara a España y se parase en seco la intervención fascista. Ello garantizaba plenamente cualquier movimiento a favor de la República” *. Las tribulaciones del grupo no fueron pocas. Cuando estaban en la estación de Buenavista abordando el tren que los llevaría a Veracruz se apareció un grupo de oficiales del Colegio Militar acompañados de la madre de uno de los cadetes. Cinco fueron regresados al plantel. Los otros cuatro lograron esconderse en el tren y continuar su viaje al puerto y abordar un barco… en el que fueron detenidos y regresados a México. Su castigo fue abrumador. Los nueve fueron expulsados “con cajas destempladas” del Colegio Miliar; entre sonidos de cornetas desafinadas y el redoblar de tambores flojos, todo frente a sus compañeros que les daban la espalda al verlos pasar. El escándalo en la prensa nacional fue mayúsculo. Cinco de ellos llegaron a España. Sólo uno, Roberto Vega González, sobrevivió a la guerra; alcanzó el grado de mayor del Ejército Republicano Español.
Araceli Pérez Darias, estudiante de la Universidad Iberoamericana, fue a pelear al lado de los sandinistas. En 1979, junto al resto de la jefatura del Frente Interno, del cual formaba parte, cayó prisionera en la ciudad de León. Al igual que el resto de sus compañeros, fue asesinada de un tiro en el pecho. Alegando disposiciones sanitarias, el gobierno somocista se negó a permitir la exhumación y el traslado del cadáver a México. Temía que la recepción fuese motivo de un acto de solidaridad contrario a la dictadura.
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A LA OPINIÓN PÚBLICA MEXICANA E INTERNACIONAL.
NO DESCANSAREMOS HASTA QUE LOS CULPABLES DEL CRIMEN DE ESTADO
PAGUEN POR LA MASACRE DE ESTUDIANTES MEXICANOS EL 1 DE MARZO EN ECUADOR.
El primero de febrero nuestros hijos llegaron por primera vez al Ecuador cargados de ilusiones y esperanzas. Iban a la mitad del mundo con la alegría de conocer este país, de aprender sobre el proceso democrático y la Asamblea Constituyente que aquí se construye. Viajaron para participar en el Congreso Bolivariano y hallar ahí a jóvenes latinoamericanos inquietos como ellos, sensibles y entusiastas por los movimientos sociales de nuestro continente. Ninguno iba a imaginar la suerte que correría.
Luego de entrevistarse en las universidades ecuatorianas con estudiantes parecidos a ellos, de hacer entrevistas, de recorrer museos y las hermosas calles de Quito, primer lugar declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad, llegaron a su destino, el Congreso Latinoamericano. En ese marco, ahora sabemos, alguien los invitó a conocer un campamento de las FARC donde se trabajaba por la paz y por el rencuentro de muchos colombianos con sus familias y sus hogares.
El 29 de febrero, sólo unas cuantas horas antes del bombardeo cuando el sol se apagaba, llegaron al campamento en tierras de la Provincia de Sucumbíos. Luego de cenar se fueron a dormir esperando al día siguiente para hacer las primeras entrevistas. Probablemente varios de ellos no despertaron, otros lo hicieron en medio del terror. Por dos ocasiones una lluvia de fragmentos de bombas expansivas alcanzaron sus cuerpos. Los frondosos árboles, en lugar de escudos se convirtieron en armas de destrucción. El ejército colombiano volvió a la carga horas después, acompañados de helicópteros artillados descendieron sin respetar a los heridos, tiros por la espalda atestiguan esta crueldad.
La vida de nuestros hijos fue segada por armamento sofisticado de guerra y muerte. Se trató de la invasión ilegal al territorio de un país soberano, lo que constituye un delito sancionado internacionalmente, este acto fue reconocido por el propio presidente Álvaro Uribe y condenado ampliamente en el mundo, incluso por México. Ante las evidencias enormes de esa infamia nosotros nos preguntamos: ¿Por qué si nuestro gobierno condenó la invasión, no ha condenado consecuentemente los resultados de esta infamia? ¿Por qué no ha protestado enérgicamente por la muerte de cuatro connacioneles y las heridas sufridas por otra más? ¿Por qué no ha exigido el castigo para los culpables de múltiples delitos y de crímenes de lesa humanidad? ¿Será el silencio cómplice y la actitud servil ante el poder las que se impongan en México? No podemos quedar callados, nuestra voz es el eco de millones de voces en México que reclaman justicia. Desde el presidente Uribe hasta los oficiales y el último elemento de tropa que participaron de esta cobardía deberán recibir el juicio que merecen
Nunca imaginamos que volveríamos a nuestra tierra con las cenizas de nuestros hijos vilmente masacrados, con sus actas de defunción en las que se reconoce que fueron víctimas de bombas expansivas, tampoco pensamos que en Ecuador dejaríamos a Lucía postrada en una cama de hospital sin poder dar un paso. Nuestros hijos, Soren Ulises Avilés, Fernando Franco, Verónica Velázquez, Juan González y Lucía Morett, jóvenes estudiantes destacados, son víctimas civiles de una de las mayores injusticias cometidas en la historia recientemente de nuestra América Latina.
Poco a poco la selva amazónica ecuatoriana se recuperará. En la tierra horadada por manos criminales volverán a crecer árboles robustos, flores silvestre, hierba fresca; regresará el canto de miles de pájaros de multitud de colores, volarán mariposas por todo su cielo; millones de insectos retornarán y el murmullo de las aguas inundará todo de verde, de hermosos colores, y la vida, la vida por la que luchaban nuestros hijos, renacerá. Somos más fuertes que la infamia y la cobardía. Las heridas en nuestros corazones no cerrarán nunca. Lucía perdió a cuatro de sus mejores amigos, nosotros a nuestros hijos y familiares queridos. Bastaron unos segundos y una orden criminal para desfigurar sus rostros; sus cuerpos sólo pudieron ser reconocidos por complicadas pruebas forenses: estudios de ADN, huellas dactilares, características dentales, a los que se sumó la mirada de una madre que pudo identificar el pié de su hijo. Sus cuerpos calcinados, destrozados, quedaron irreconocibles, pero, en nuestra memoria, y por siempre, serán los jóvenes inquietos y alegres que conocimos.
Mancharon los cuerpos de nuestros hijos de sangre, de esquirlas, de barro. No enlodarán la dignidad, la honradez y el nombre de estos jóvenes estudiantes, ni ensuciarán la nobleza de sus convicciones latinoamericanistas y su búsqueda por la patria grande. Vivirán en nuestra mente y nuestros corazones, su sangre fertilizará la conciencia de millones por un futuro mejor, y para que nunca más se repita ese acto de barbarie que nunca debió de ocurrir. Ellos tomaron camino confiados y ahora son víctimas civiles de un horrendo crimen de Estado. Los culpables un día tendrán que pagar, alguna cárcel alcanzará a quienes ahora desde el poder y la cobardía intentan justificar lo injustificable.
Agradecemos las muestras de solidaridad del hermoso pueblo ecuatoriano, la actitud resuelta y comprensiva de su gobierno. Aplaudimos la actitud valiente que desde México millones de compatriotas asumen para reivindicar el nombre de nuestros hijos y su derecho a la libertad, a pensar y actuar por una vida más digna y más humana.
Del gobierno mexicano esperamos que rectifique. Queremos informarles que el pasado 17 de marzo enviamos al presidente Felipe Calderón un video que muestra los cuerpos destrozados de nuestros hijos y de otros más que ese 1 de marzo dormían tranquilamente. Hacemos entrega a los medios de comunicación de ese material para que se conozca por todo el mundo la verdad. ¿Podrá alguien, desde una posición honesta, con esas dolorosas evidencias, seguir atacando a nuestros hijos y queriendo criminalizar a las víctimas? La historia nos dará la razón. Iremos por la justicia, estamos armados con la verdad.
Muchas gracias.
Asociación de padres de hijos masacrados en Sucumbìos, el 1 de marzo de 2008.
Carta a la dirigencia perredista
Epigmenio Ibarra
Profesionales como son de la derrota, lograron ustedes al fin su cometido: se hundieron en el fango facilitándole la labor al adversario, cediéndole el terreno. Interesados sólo en el reparto del botín, de la nómina, de los cargos internos, de las posiciones de poder y la atención de las diferentes clientelas, terminaron todos por quedarse con las manos vacías. No importa quién de ustedes gane. Al final perdieron, perdimos todos. Perdió el país.
Es pues el suyo, señores dirigentes de tribus, facciones, corrientes del PRD, un crimen, largamente anunciado, de lesa democracia. No pudieron en su proceso electoral interno hacer valer los principios que dieron origen y razón de ser a su partido. No sólo traicionaron con sus mañas la lucha de decenas de miles de mexicanos, muchos de quienes entregaron sus vidas por esa causa, sino que se convirtieron en un remedo, en un subproducto del antiguo régimen al que debían combatir, asimilando sus peores vicios. Son hoy, todos ustedes, sólo una lamentable caricatura del caciquismo priista. ¿Cómo se atreverán luego de esto a tildarse de demócratas y además revolucionarios?
No tuvieron ustedes, inmersos como están en sus luchas clandestinas, la visión de país, el compromiso con sus compatriotas, la integridad moral que demanda una lucha desde la izquierda y con la izquierda para defender los intereses de las grandes mayorías. Tampoco tuvieron el coraje, la dignidad, el valor de preservar un capital político que no les pertenece y que es vital para el futuro del país.
Ese capital político, el que han dilapidado tan miserablemente, nos pertenece a los 15 millones de mexicanos que con nuestros votos los hemos puesto donde están, disfrutando un estipendio, haciendo uso de prerrogativas que pagamos todos. En cargos públicos para los que nosotros los elegimos y por los cuales sólo a nosotros los votantes deben rendirnos cuentas. Un capital político en el que muchos ciframos la esperanza de arrancar al gobierno, a su partido, a los representantes del antiguo régimen, cambios estructurales profundos que son, a fin de cuentas, la única garantía de una paz, que sin justicia ni desarrollo no tiene futuro.
Indigna saber que, como la derecha lo había previsto, no lograron ustedes comportarse con pulcritud y decoro. Hemos sido defraudados —hablo de los que votamos por ustedes— por individuos incapaces de anteponer a sus mezquinos intereses, los intereses de una nación sedienta de transformaciones. ¿Quién se encargará hoy de las mismas? ¿En quién confiar para que conduzca con solvencia moral, con cohesión orgánica, con eficiencia política el proceso? ¿Para qué se desgañitan en la plaza o rasgan sus vestiduras en la tribuna prometiendo defender a toda costa principios y valores que en su propia casa son incapaces de sostener?
Todos ustedes —habrán de disculpar que cuelgue a todos el pecado—, por acción u omisión, jugaron sucio. Unos conveniente y públicamente se hicieron al margen del proceso electoral y se mostraron sin candidato ni preferencia abierta, mientras en la oscuridad maniobraban a favor de uno o contra otro.
Otros condenaron con tibieza las malas mañas pero fueron incapaces de crear una corriente moral de rechazo a las prácticas fraudulentas. Más bien se pusieron al pairo, esperando ser beneficiados o por la turbulencia o por el viento a favor de un candidato determinado.
Otros más metieron las manos hasta el fondo en defensa de su candidato y fueron desde un apoyo público decisivo pero indebido, que rozaba, sólo rozaba, la ilegalidad hasta la manipulación del padrón o los más sucios trucos el día de los comicios.
Desde el omiso al que robó las urnas. Desde el que desde su posición de liderazgo moral se abstuvo, al que mandaba cartas. Desde el que a pesar de su indignación se quedó callado y se dejó llevar, hasta el que, sin ninguna posibilidad de triunfo, se presentó como candidato o se sumó a una candidatura perdida de antemano sólo para ganar una posición más favorable en la negociación que se avecina. Todos cargan con el peso de una responsabilidad histórica.
No hay nadie entre ustedes, señores de la dirigencia, que quede limpio. Que conste que en su partido militan mexicanas y mexicanos de excepción a los que ustedes antes que a nadie les han fallado. Todos son, sin importar la tribu a la que pertenecen, protagonistas, autores de esta debacle.
Lástima que no sea sólo de ustedes la debacle. Lástima que con su fracaso nos arrastren a todos. Lástima que den así la razón a quienes, empeñados en el linchamiento mediático de la izquierda, le cierran el paso a las transformaciones que el país necesita y que sólo con el impulso ético de una izquierda comprometida y limpia pueden conseguirse. Lástima que pierdan —como segunda fuerza política— su oportunidad histórica. Otros habrá, estoy seguro, que no seguirán sus pasos, que no habrán de encajar en el patrón de corrupción de nuestro sistema político tradicional.
Quito. Colombia lanzó al menos 10 bombas de alta tecnología sobre el campamento de las FARC destruido el 1 de marzo en Ecuador, según un informe de expertos en armamento de la Fuerza Aérea de Ecuador (FAE) publicado este viernes por el diario local El Comercio.
Con una fotografía aérea del lugar atacado, el rotativo mostró los lugares donde habría caído cada bomba empleada en el ataque que costó la vida a más de 20 personas, entre ellas el vocero de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Raúl Reyes.
De acuerdo con el informe militar, las bombas fueron del modelo GBU 12 Paveway II de 500 libras y dejaron cráteres de 2.40 metros de diámetro por 1.80 metros de profundidad.
El Comercio indicó que “el pasado 6 de marzo expertos en armamento de la FAE iniciaron un peritaje de lo ocurrido en Angostura, donde falleció el vocero de las FARC, Raúl Reyes.
“Su objetivo era -agregó- clarificar cómo se produjo el bombardeo, el armamento utilizado y los daños causados”.
http://video.google.com/videoplay?docid=4624392274280454276El diario señaló que en el informe que entregó el Departamento Médico Legal de la Policía a la Fiscalía de la fronteriza región de Sucumbíos, “se incluyó la indagación sobre el tipo de armas usadas en la incursión terrestre del ejército y la policía colombianos”.
Advirtió que “según las especificaciones del fabricante de la bomba GBU 12, Texas Instruments, este explosivo puede ser guiado por láser, GPS o tecnología intersensorial (INS)”.
Agregó que “el informe de la FAE señala que se encontraron vainillas de proyectiles 0.50 en el sector sur del campamento, que fueron disparadas por ametralladoras emplazadas en helicópteros, que brindaron la seguridad del personal que realizó la infiltración”.
El Comercio informó que, de acuerdo a la investigación de los peritos, el tipo de bomba utilizado en el ataque al campamento de las FARC en el norte de Ecuador “fue muy usado (por tropas estadunidenses) en la Operación Tormenta del Desierto, en Irak”.
Relató que “la mayoría de las bombas cayó en el área de dormitorios y de adoctrinamiento del campamento. Las zonas de lavandería y entrenamiento quedaron intactas”.